PIRATAS, SEXO, ESTADÍSTICAS Y PRODUCTOS DIGITALES
Casi dos años diciendo que todo va bien, que el mundo del libro aguanta bien la crisis, que el libro es un producto refugio, y ahora se descuelgan con esto: «la piratería digital ocasiona unas pérdidas de 150 millones de euros al mundo del libro, superando ya a la fotocopia ilegal, que ronda los 100 millones». Se comenzó negando la evidencia y ahora se lanza un globo sonda de indudables efectos colaterales. La industria editorial y sus estructuras directivas están abiertamente preocupadas por la piratería, cosa bastante razonable, desde luego, y que requiere, en tiempo y forma, abordar un bien armado programa de sensibilización social sobre la importancia de la propiedad intelectual, por un lado, y de educación en el consumo responsable, por otro lado, y, en definitiva, sobre la importante labor de la industria editorial en la sociedad, sin lugar a dudas.
Quizá el problema está en un error de la argumentación: primero, señores, asumamos que el sector está en crisis desde hace tiempo, como el resto de sectores del consumo del país en este entorno de crisis económico-financiera y social. Por otro lado, asumamos también todos que se ha producido una recesión del consumo, lo que afecta especialmente a la compra de libros, una de las últimas opciones de ocio en el carrito de la compra de los españoles, que dedican por cabeza apenas 28 euros por año a la compra de libros no de texto.
Además, en una sociedad de consumo que está premiando, «porque yo no soy tonto», la línea blanca y los descuentos, y donde el low cost se ha impuesto como una filosofía de vida, la sensibilidad al precio de los libros se ha disparado significativamente en los últimos meses, más aún, cuando el peatón de la calle no sabe o se le ha olvidado que el precio de los libros en España es fijo: pues miren ustedes, no, porque al señor Peláez le sale más rentable encontrar el libro que necesita en el centro comercial, donde de hecho tiene que ir por narices el sábado con la familia para hacer la compra de la semana, que bajarse al centro a comprarlo en una librería independiente en una zona imposible de aparcar. Coste por servicio y oportunidad, vamos.
Y llegamos al laberinto digital: un mercado, para el mundo editorial, que está aún por justificar su existencia, pero un entorno real y virtual que para los usuarios ya es un lugar hasta familiar, un medio nativo, donde muchos usuarios ya están familiarizados, desde la filosofía del compartir, con las licencias Creative Commons, y con la disponibilidad, legal o ilegal, de contenidos, algunos de ellos de calidad. Mientras los editores se deciden por invertir o no en lo digital, por un aliado tecnológico o por otro, por un tipo de plataforma o por otra, por un e-Reader o por un iPad, el público utiliza frecuentemente contenidos digitales premiando soportes convergentes, con tecnología táctil, y multifuncionales.
Volviendo a las declaraciones de los editores, hubiera sido prudente que las mismas estuviesen respaldadas por un aval, un estudio empírico riguroso y con una metodología contrastada. La noticia de los datos de volumen de negocio que se han dejado de ingresar es, de esta manera, poco oportuna. El informe debería haber ido por delante de una declaración de este tipo. ¿Se trata de comercio interior, exterior, de productos puramente digitales? El informe debería haber precedido cualquier declaración. ¿Es casual que la noticia generase en pocas horas más de 140 comentarios en los portales tanto del diario El País como en El Mundo? Evidentemente no, la sensibilidad social sobre estos temas es enorme, y la percepción de los prosumidores de la Red, aquellos que están participando activamente en la lectura, divulgación y promoción de los contenidos de los editores, es muy distinta a la manifestada por los representantes de los editores. Demandas y sensibilidad sociales frente a estadísticas y censura. El mercado quiere sexo libre y el sector le habla de amor.
Estas declaraciones pueden tener un daño colateral que no sabemos si los editores se han parado a valorar: la imagen que el sector proyecta es manifiestamente negativa, punitiva, censora, por muchas argumentaciones y justificaciones que se aporten. Desde nuestro punto de vista la FGEE debería articular un discurso de otro corte, de otro perfil:
-de tipo cultural,
-preocupado por la crisis,
-solidario con el escaso poder adquisitivo de los jóvenes,
-preocupado por el alto índice de paro, que también afecta a este sector, que se ve obligado al autoempleo o condenado al subempleo, particularmente preocupante esto en el caso de correctores, maquetadotes, traductores…,
-ocupado en generar una transición digital que ponga en el mercado miles de ebooks, de calidad,
-ocupado también en ofrecer una política de precios razonables y racionales a los ebooks, a un precio justo, no de saldo: para eso hay que educar a la gente, no aliarse con los productores de electrónica de consumo y lanzarse a vender contenidos a 2 euros, lo que sólo beneficia a los vendedores de cacharrería y perjudica directamente la percepción del precio y aprecio real de los libros,
-atareado en rediseñar un escenario donde se otorgue un papel a las librerías,
-ocupado en diseñar una estrategia digital global para toda la cadena de valor del libro, etcétera.
El discurso (y sus connotaciones) con el que los editores están apareciendo en los medios es manifiestamente negativo: el editor aparece como un mercachifle y un empresario en defensa de su negocio, como un mercader de vanos prodigios. Se empieza por criminalizar y se acaba por hundir el chiringuito. En este punto la música es el ejemplo a no seguir.


Como siempre estoy completamente de acuerdo con sus argumentos, una pena que los que dirigen estén ciegos ante lo que se les avecina.
¡Ole! análisis más que perfecto y cuando se analiza bien el resultado solo puede ser bueno… si llegáis un poco más lejo dais con la solución, de eso estoy seguro. Pero no, hay que aplicarse el Freemium. El análisis es gratis pero la solución se paga.
100% de acuerdo con todo. Como estoy preparando mi sesión sobre el papel del autor y el agente en el nuevo modelo, con vuestro permiso, me inspiraré en este post cuando hablemos de “pirateria de los contenidos”. Y, por supuesto, hoy mismo queda compartido en facebook, twitter y LinkedIn. ¡Genial!