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EL FIN DE LAS LIBRERÍAS Y LA GÜIJA DEL GURÚ

Jueves, 5 de Noviembre de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

ouijaA río revuelto, ganancia de pescadores. Apenas quedan unas semanas para que termine un año en el que la crisis se ha hecho netamente visible en el sector del libro. Un año largo precedido por las previsiones de ciertos gurús profesionales que en su momento hicieron sus terribles vaticinios, cual augurio terrible de Casandra despechada.

El balance a año vencido es que gracias a su güija, estos tekis adivinadores han ganado ciertamente mucha visibilidad a costa de la crisis, a golpe de titular periodístico, a cuál más apocalíptico, que ha despertado en muchos alarma y preocupación, tanta que casi se imponía tras la lectura de sus pronósticos correr rápidamente a la farmacia más cercana en busca de algún antidepresivo e incurrir en una ingesta del pastillazo en una dosis doble de la recomendada.

Algunas de las declaraciones de estos expertos han llegado a augurar el cercano fin de las librerías, además del inminente derrumbe del imperio de la prensa en papel. De todas formas, a persar de tanto trueno y tan poco relámpago, los pronósticos y augurios para el sector que se han arrojado en los últimos meses, en la mayoría de los casos, no se han cumplido.

Veamos. Las previsiones para 2009 que se han llegado a manejar son de este tipo:

  1. La venta de libros descenderá en un 15%: nuestras conversaciones con libreros y editores apuntan a una cifra superior al 20 %. Los gurús, en este caso, se quedaron cortos.
  2. Dada la sensibilidad del mercado por los precios, apuesta en firme por la edición de bolsillo. Las campañas mediáticas en defensa de las virtudes del libro de bolsillo (al igual de aquella delirante que aseguraba un regreso masivo de los lectores a los clásicos) que sufrimos en mayo y junio pasado hicieron mucho ruido, pero las nueces han sido pocas. Ni el libro es un producto refugio, ni el formato bolsillo es el talismán contra la crisis: los grandes grupos han seguido en la lucha por los best sellers de gran impacto en busca del mercado de impulso.
  3. Varias editoriales iniciarán sus proyectos piloto de comercialización de libros electrónicos. Proyectos pilotos que aun están a la espera de su conformación, lanzamiento y despegue. Los meses pasan y aquí nadie tiene claro nada, lo cual es normal en un nuevo mercado que aún tiene que demostrar su viabilidad comercial.
  4. Sorpresas durante la negociación de la cesión  derechos de edición digital. Sorpresas ha habido muchas, entre otras, que los editores siguen teniendo capacidad de diálogo con sus autores, y que, ante la incertidumbre digital, mejor es ir juntos unos y otros.
  5. Creación del puesto de Director de contenidos digitales en los grupos editoriales. Los que se hacían ilusiones con esta promoción interna lo han llevado crudo. De los contenidos digitales, del marketing on line y de las estrategias de comunicación en las redes sociales se sigue ocupando el becario de turno, y los presupuestos destinados por los editores a estos menesteres son, qué decirlo, sobradamente escasos, por no decir, ridículos.
  6. Rediseño de las webs de las editoriales con el fin de rentabilizar su presencia en la Red. Las editoriales se han limitado a entrar a saco en las redes como elefantes en una cacharrería, de forma torpe y sin sensibilidad wiki alguna, saturando las mismas con convocatorias, presentaciones y avisos de lanzamiento de novedades hasta la estomagancia. Aún queda un trecho para que las editoriales superen el viejo modelo institucional y se decidan a saltar a un diseño Web 2.0.
  7. Apuesta en firme por la venta directa de libros (papel y digital) a través de las nuevas webs para incrementar los márgenes. Sí, realmente la facturación directa de las editoriales es previsible que se haya incrementado considerablemente en 2009, continuando con la tendencia marcada que ya se detectó en el ejercicio 2008. Ahora bien, la venta de contenidos digitales sigue siendo estadísticamente irrelevante.
  8. Reducción de la inversión publicitaria y patrocinio en medios tradicionales (suplementos, revistas, etc.). Trasvase de una parte de esta partida «ahorrada» a medios digitales. La primera sí, la segunda no está tan clara: las acciones on line se limitan apenas a crear perfiles corporativos en redes sociales; la inversión –coste cero- llega hasta ahí.
  9. Los soportes de lectura de libros electrónicos, los famosos e-Readers, se convertirán en el regalo estrella de la Navidad 2009. Parece que, finalmente, no será este año, pero el que viene, según los expertos, se venderán «a millones».

¿La lección de todo esto? Es aventurero y temerario, en un mercado como el del libro, hacer conjeturas y especulaciones hipotéticas. Quedan bien como titular para ciertos medios, pero no dejan de ser boutades ciertamente peligrosas. Los gurús, nos queda la duda, no sabemos si buscan tanto el rigor y la investigación como la visibilidad a toda costa.

El «Apocalipsis» sigue siendo un producto de alta rotación, con un retorno de inversión ciertamente asegurado a muy corto plazo, que genera mucha demanda y se materializa en una alta visibilidad, también virtual. Seguimos a cuestas con la vieja polémica entre apocalípticos e integrados, entre viejos y modernos.

¿Cuál es la situación real del sector a día de hoy? Las librerías se encuentran ciertamente ante una coyuntura difícil, y se debaten sobre la estrategia virtual y analógica que han de tomar a corto, cortísimo plazo. La irrupción de diferentes plataformas de distribución de contenidos, auspiciadas y apadrinadas por grupos editoriales, hace temer lo peor para ellas.

Aunque también es cierto que estos mismos editores tendrán que tentarse la ropa en la medida en que siguen necesitando el canal de librerías para su oferta en papel. La librería, ya de por sí el eslabón más débil de la cadena de valor del sector, tiene una brutal amenaza con la constitución de multitud de plataformas de distribución de activos digitales que no cuenten con ellas.

Por otra parte, los costes de estas plataformas están descendiendo vertiginosamente, por lo que cualquier editorial, incluso de tamaño muy pequeño, podrá aliarse con otras muchas y, en muy pocos meses, disponer de ellas. Y aquí surge el gran problema de la librería: ¿cómo encontrar una ventaja competitiva que haga desistir a los editores de sus aventuras robinsonianas? O ¿está todo perdido para la librería?

La tesis de Paradigma Libro es que en el escenario digital aún seguiremos necesitando libreros virtuales, no sólo e-distribuidores, sino e-libreros profesionales, que doten la compra de un ebook en una e-librería de un especial valor añadido, de tal forma que se convierta en una experiencia tal que al lector-comprador le merezca la pena repetir la visita. ¿Para cuándo ciber-tertulias en nuestra e-librería preferida? ¿Para cuándo ciber-lecturas o ciber-presentaciones en librerías on line? Tomemos la pastilla azul y entremos en la matrix-librería. A lo mejor es cuestión de utilizar las gafas adecuadas.

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  1. Alvaro
    Jueves, 5 de Noviembre de 2009 a las 17:59 | #1

    A mí me parece que con esto de los e-readers los fabricantes se están liando en exceso. Compiten entre ellos para sacar lectores con más prestaciones, flexibles, en color, con soporte para video…hablan de una carrera que parece haber dejado de lado el objetivo inicial, y que yo creo que es el único: leer.
    Se trata de poder disponer de libros de difícil acceso, en varios idiomas, con mayor rapidez a partir de la publicación, y a un coste bajo. Nada más… y nada menos. Si empezamos a dotar a los lectores de otras funciones el precio no se abaratará pronto y las editoriales no se pondrán las pilas (yo que ellos me lo tomaría con calma)

    ¡¡¡Y yo tengo prisa!!! Por favor, diseñadores, empresarios de los gadgets, fabricantes de artilugios en general: Haced un lector para libros electrónicos!, sólo eso. Pantallita grande y clara, peso ligero y que no se cuelgue. Que no nos obligue a depender de una sola librería por grande que sea. Que tengamos tanta libertad de consumo como con el papel, pero con las ventajas del e-book.

    ¡Gracias!

  2. Jean Val Jean
    Viernes, 6 de Noviembre de 2009 a las 18:09 | #2

    También soy de la opinión de que la Librería debe redefinirse, casi diría que inventarse de nuevo. Durante estos demasiados años de locura y furor editorial también los libreros han perdido mucho. Y no pasta, que esa la están perdiendo ahora, sino su identidad como orientador y clasificador del mercado. Paradójicamente cuando la avalancha es abrumadora y la ventisca publicitaria impide elegir con claridad los libreros corren como locos detrás de los Best Sellers y se humillan ante los Grandes Grupos por unos ejemplares más. Así que, con franqueza no me inspiran ni la más mínima solidaridad, son agentes de un mercado que cambia a gran velocidad que no hacen otra cosa que lamentarse, y creedme que llevan así mucho tiempo.

  3. Casimiro Ynoloveo
    Lunes, 9 de Noviembre de 2009 a las 01:18 | #3

    Con crisis o sin ella, es increíble que la gente lea, pongamos por caso, sobre Yisel Charboneau, que además de ser una desvergonzada, arremete sin freno contra los valores políticos, o contra los toros, que si sufren o que si no sufren, y plantea escenas de prácticas sexules en el interior de una parroquia. Creo que tal tipo de libros no debería existir, pues se burla el autor, por llamarlo de alguna manera, de la institución monárquica y, como Iñaki Gabilondo en sus noticias, distorsiona la realidad utilizando algunos casos de pedofilia que se han dado en algunas parroquias para meter a todos en el mismo saco, como hace José Saramago con su nueva novela, ‘Caín’. ¿Qué tienes que ver la trama Gürtel con la Iglesia? ¿O el terrorismo con Amenábar?

  4. Martes, 10 de Noviembre de 2009 a las 16:54 | #4

    Las librerías llevamos muchos años indicando que la avalancha de novedades es ruido que impide que se dejen oir voces menos estridentes, libros que no tienen apoyo mediático. Las librerías somos también víctimas de esta situación, que dificulta enormemente nuestro trabajo. Pero eso no quita que cuando un libro se vende bien queramos nuestra parte, porque sin esos libros no podemos mantener los otros. No entiendo por tanto expresiones descalificadoras como “corren como locos” o “se humillan”.
    La falta de solidaridad denota falta de entendimiento sobre quién dicta las normas del sector y quién las padece y lucha por cambiarlas.

  5. Pepeflores
    Lunes, 16 de Noviembre de 2009 a las 10:39 | #5

    @Casimiro Ynoloveo
    Casimiro, Casimiro, por que caminos transitas. ¿Tal vez como 1984? Quemando libros que no deberían existir.
    ¡Madre mía!, con la que está cayendo y todavía a gentes que dicen eso.

  1. Viernes, 13 de Noviembre de 2009 a las 09:08 | #1